¿PORQUÉ YO SEÑOR?
En la oficina postal de mi barrio esperaba mi turno cuando un señor comenzó una conversación conmigo. Se acerco y me dijo que era médico y empezó a quejarse de Dios. Me contó que casi no miraba, que estaba a punto de perder su vista, no contaba con un seguro médico y necesitaba ser tratado para no quedar ciego completamente. Le hable de Dios, que podía creer en Él, fue cuando elevo su mirada al cielo y me sorprendió con su respuesta. ¿Por qué Dios me quito mi esposa? Su rostro estaba desencajado y se había borrado la sonrisa de sus labios con la que inicio la conversación. En su relato me compartió que su esposa murió hace un par de años por asesinato y estaba desde entonces muy solo. Yo le respondí Dios es bueno.
Como el señor del correo andamos muchos de nosotros interrogando a Dios, al Creador, al que nos formo desde el vientre de nuestra madre por las pruebas que pasamos. El dolor que nos dejo la muerte de un ser querido, el sabor amargo de un divorcio, el rompimiento de un noviazgo con anillo de compromiso y promesa de matrimonio, el abandono de un hijo y tantas dificultades que según nosotros nos da derechos para preguntar a Dios ¿por qué yo? No soy quien para aconsejar que no debemos ponernos a interpelar al Padre Dios del porque nos paso tal situación. Claro no puedo negar que no me gusta sufrir, no me agrada pasar por el dolor, trato de pensar que estoy suficientemente preparada para la muerte de un ser querido o un diagnóstico médico. Hasta no transitar por ese momento no se cual será mi reacción, mientras tanto me fortalezco en la palabra de Dios, memorizo todos aquellos versículos que me ayuden a no formularle la misma pregunta a Dios. Me ministra la alabanza “Esto es confiar” cuando en su letra nos dice: “No es confiar bajar el rostro cuando todo sale mal, no es confiar rendirte al problema cuando hay que orar. Confiar en Cristo es creer lo que no ves, cuenta con Dios y el no va a fallar jamás”. Seguir cantando en el dolor. Parece fácil decírselo a otros que aun lloran la partida de un ser querido, cuando una mujer espero nueve meses el nacimiento de su hijo y este no se logro, para el que perdió el trabajo, para el que fue a prisión injustamente, el que vivió una traición, una infidelidad. Me ha tocado preguntarle a Dios ¿por qué Yo? al sentirme atribulada, acorralada. Hace poco transite por una prueba y entendí que debía decidir en ese momento estar en gozo y dando gracias a Dios, me sature de la alabanza y de la palabra de Dios. Esa actitud frente a la adversidad me ánimo y dispuse entregar las cargas a Dios como lo dice en Salmos 55:22 “Echa sorbe Jehová tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre caído al justo.” Me apropie de esta promesa bíblica que esta para todos. También me encontré esta otra en Salmos 68:19 “Bendito sea el Señor que cada día lleva nuestras cargas, el Dios que es nuestra salvación.”Mi decisión en ese momento fue levantarme, me seque las lágrimas y seguí adelante, sentí una enorme paz y un gozo que refresco todo mi ser. Me refugie en el Dios que todo lo puede y sigo adelante, no puedo seguir interrogando a Dios como lo recomienda Luis Palau en su libro ¿Dónde está Dios cuando sucede algo malo? Para el evangelista debemos cambiar de actitud y cita a Martín Montero “la fe no pregunta por qué, sino qué.” La mejor posición frente a una tragedia es decir: ¿Qué estás tratando de decirme? ¿Para que la prueba? Luis Palau está en desacuerdo con las terapias que nos dicen “tienes derecho a estar enojado con Dios cuando sucede algo malo.”Me encanta porque menciona la cita que Job en medio de su prueba declaró: “Aunque él me mate, seguiré esperando en el.”(Job 13:15) Esa es una afirmación de fe en creer plenamente en Dios. Enfrentar una prueba depende de nosotros, la disposición con la que nos paremos va determinar a partir de ese momento que no somos débiles, como le dijo Dios a Pablo:”Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en mi debilidad. Por tanto de buena gana me gloriare más bien en mis debilidades, para que repose sobre el poder de Cristo. Nos toca hermanas pararnos firme sobre la roca y enfrentar al gigante que nos quiere eliminar como hijas de Dios, recuerden con Él somos más que vencedoras. Adelante no cedamos ni un espacio al enemigo que nos quiere poner en contra de nuestro padre Dios. Las ánimo a seguir luchando y no desmayar, no es tiempo de tirar la toalla en la lona.
Bendiciones al ciento por uno.
Nitza Reynaud-Calderón